Guerra Colectiva: Una crónica neurótica.

El Pedro 05/09/2009 2

El hombre no ha sabido organizar un mundo para sí mismo y es un extraño en el mundo que el mismo ha creado”.

Alexis Carrel

“Pendejo, correte que me tapás el espejo.”

Chofer de la línea 109

Podría comenzar hablando de la medida que se aplicará en la Ciudad de Buenos Aires consistente en colocar las paradas de los colectivos cada 8 cuadras, podría preferir arrancar por hacer alguna mención a la decisión del Gobierno Nacional de presentar un proyecto de ley tendiente a eliminar el aguinaldo como rubro de pago obligatorio por parte de los empleadores, podría hablar de la decisión de Grondona de convertir a los clubes de fútbol en sociedades anónimas. Podría. ¿Pero que sentido tendría?; si son todas mentiras que estoy inventando en este momento.

Mejor les hablo de la guerra que muchos sufrimos  todos los malditos días de la semana, y que creo merece ser volcada en este brillante espacio. Si no comparten esta apreciación, configuren mejor el monitor.

Esta guerra, es el viaje en colectivo en la hora pico para cumplir con la rutina diaria.  Es una situación casi igual de tensionante que la rutina misma, y que aquí intentaré descomprimir en los 3 grandes actos que a mi entender la integran. Ellos son: 1) La Subida 2) La batalla del Asiento y 3) La bajada .Che, vos, el de la CIA que monitorea Internet, si, vos, seguí durmiendo. Dije Bajada, no Embajada.

Acto 1. La subida:

Llegás al sitio donde para el colectivo y ya te encontrás con el primer problema. Hay una persona esperando, que en vez de ponerse al lado de la parada, se aposta unos metros mas atrás. Ante ello, vos no sabes si ponerte atrás del sujeto dejando libres todos esos metros al lado de la parada, o ponerte vos al lado de la misma, quedando delante de la citada persona.  La primera pregunta que se te viene a la mente en la fría mañana invernal es: ¿ tanto le costaba al tarado este pararse donde se tiene que parar?.

La verdad es que esto uno lo resuelve según el día.  Esta vez elegiste pararte al lado de la parada y ser vos el punto de referencia para el inicio de la cola a respetar por el resto de los viajantes que se vayan sumando. Te sentís un líder con personalidad. Te regalas un aplauso mental y continuás esperando el colectivo.

Al rato llega una señora grande de digamos unos 60 años. Al verla venir, ya asumís mentalmente la posición de cederle el paso cuando venga el colectivo. Pero la señora, lejos de permitirte a vos tener el gesto de caballerosidad, se atribuye tal conducta como un derecho adquirido y se para delante  tuyo en la fila, al lado de la parada, obligándote a dar unos pasos atrás. Te da muchísima bronca. “Ahora cuando venga el  bondi no la dejo subir nada, subo yo primero” te decís enojado. Llega el colectivo y frena: con una sonrisa dejas que la señora suba primero y te retiras el aplauso mental. Ya que estás quedas bien con todos, y dejas que el ñato que estaba antes que vos en la parada pero que se paró en cualquier lado, suba primero.

Subís. La señora saca boleto, y aguardas que el otro sujeto haga lo propio. Y pasa lo que tenia que pasar: el energúmeno ese se recibe de tarado y empieza a colocar a un ritmo cancino moneditas de 10 centavos. El minuto más largo del día termina y por fin podes sacar tu boleto; no sin antes dejar caer una moneda al piso y dar tu nota de entrada.

¿Estos habrán pagado el boleto?

Acto 2.La batalla del asiento:

La guerra del colectivo en la hora pico tiene una batalla central; la del asiento. Y todos, queramos o no, participamos de ella. Durante todo el viaje vemos como la gente acude a lo más bajo de sus instintos para apoderarse del motín con forma de cuero agujereado. Podemos ser participantes activos, intentando obtener uno, o simplemente rehenes para el caso de que decidamos no intervenir en la batalla. Pero de una u otra forma, estamos involucrados. En una palabra: el codazo lo vamos a ligar igual, ya sea en la competencia por el asiento misma, o por una acción preventiva de alguien que intente acercarse más a su meta.

Una situación particularmente enervante es la que se produce cuando uno de los guerreros activos de esta batalla se dedica a colmar la paciencia de quienes, aun asumiendo su rol de rehenes, intentan mantenerse lo mas al margen posible de esta batalla reflejo del absurdo de la raza humana. ¿ A que me refiero?. Al hecho de estar parado en el fondo del bondi, y que un sinvergüenza ventajero venga a pegarse al lado tuyo aprovechando el famoso caño ubicado en el centro del techo del colectivo. Todo para estar más cerca de la posibilidad de obtener alguno de los asientos de la hilera trasera. Lo peor es que en estos casos, mucho de esos sujetos utilizan la ignorancia a su favor: aún no descubrieron el desodorante, lo cual te invita a dispararle a una embarazada con tal de obtener un asiento para el sujeto que ocasiona semejante contaminación olfativa. Querés que se siente como sea.

El colectivo se termina llenando. Y lo más terrible ocurre. No sería una guerra sin kamikazes. Y los kamikazes aparecen sobre todo cuando hay acumulación de gente y el factor sorpresa los saluda. Esas condiciones se reúnen en el colectivo lleno, y no te olvides, estamos en una guerra. Y pasa. Y allí está. Cuando menos lo esperabas: el gas. Alguien, el inadaptado de siempre, soltó un gas. Y todos lo sufrimos.  Una de las tantas diferencias entre la niñez y la adultez: la franca sinceridad. Extraño aquellas épocas de la infancia, en donde si alguien cometía semejante improperio social, recibía no solo las merecidas puteadas de los afectados, sino que los damnificados se protegían tapándose la nariz haciendo broche con el dedo, o utilizando la ropa como máscara de gas para los casos más complicados. Ahora de grandes eso no vale. Y todos sufrimos maldiciendo por dentro, pero mostrando al exterior una inmutable cara de poker.

Un borracho compañero de redacción cuyo  nombre no voy a mencionar, me grita desaforado: “y minas!, en toda guerra hay minas…¿y viste todas las minas que se suban al colectivo?, son explosivas! , hic…”.

Volviendo al tema de los bajos instintos, cabe decir que no debemos asociar ese concepto con falta de talento. Una patada en la ingle, no es leal pero requiere una precisión envidiable. Lo mismo puede decirse de  la magistral actuación que muchos logan realizar cuando están sentados en la parte delantera de la unidad y sube una embarazada o una persona de edad avanzada.  No me ha resultado tan conmovedor ver a otro “dormir” desde la primera vez que vi Blanca Nieves y los 7 enanitos. El día que Osama venga a por nosotros , ni se tiene que molestar en gastar en aviones explosivos: le  bastaría con mandar un frente de viejos con bastón. Parecería que el efecto que esa imagen tiene en los argentinos, es la pérdida instantánea del conocimiento.

La diosa fortuna te sonríe. O más bien se ríe de vos: el colectivo dobló, y te fuiste derecho para el piso. Con esos dioses, cualquiera se vuelve ateo.

No podemos terminar el relato de este acto sin contar que pasa cuando finalmente te encontrás con el dichoso asiento. Muchas veces, por alguna cuestión más vinculada al azar, te terminas topando con el asiento y logras tomarlo. O capaz que no es azar. He tenido un profesor que decía que cuando se subía al transporte público, observaba a las personas sentadas y etiquetaba posibles destinos de acuerdo a las caras, decía: “este tiene cara de constitución, este de Belgrano, etc.” En base a eso se ubicaba en alguna posición estratégica para maximizar sus posibilidades de obtener un asiento. ¿Esa será la  famosa discriminación positiva?.

Bueno, el tema es que finalmente te sentás. Y cuando  lo haces te dan ganas de involucionar y volverte un simio (“me quiero volver chango”, dice un filósofo). El asiento esta torcido, te duele la espalda y te encorvas. ¿ Tanto lío para esto?. Sin embargo no lo podes dejar, serías incapaz de levantarte y preferir viajar parado. Sabés que es una porquería y que te hace mal; pero igual no renuncias a el. Y entonces te preguntas: ¿ Realmente me quieren vender que un porro hace más daño que estar una hora y media sentado en uno de estos asientos?.  “Callate gil”, te retrucás a vos mismo, “¿sos hippie ahora?”.

Minas explosivas.

Acto 3.La Bajada:

Llega el momento del descenso. Debería ser simple. Tocar el simpático timbre y bajar en la parada correspondiente. Pero no lo es. En primer lugar, te chocas con el típico bueno para nada que obstruye la puerta del colectivo gratuitamente. Ese animal social, que aun con espacio en la unidad, decide apostarse en la puerta de atrás esperando ganar alguno de los asientos de traseros,bloqueando a quienes quieren bajar del colectivo.  Y allí tenes la interacción social mas breve y molesta del día: “¿bajas?” ,“no(imaginar voz con pocas luces).”. El sujeto por fin se corre, tocas timbre, y el colectivero abre la puerta.

Pero la imagen que tenés cuando el chofer abre, no es la de la vereda. Lejos de ello, lo que ves es la acera de la calle con autos circulando. El desgraciado te abre la puerta a 5 metros de la vereda en plena avenida.  Lo primero que pensás es que si pudieses dar el salto que hace falta para sortear elegantemente la situación, saldrías por la noche combatir el crimen vestido de superhéroe (bueno, tal vez este no sea el pensamiento más típico). Descendés igual,  los autos acostumbrados a estas situaciones bajan la marcha, y llegas a la parada.

Un alivio recorre tu mente.  Todo terminó…hasta que sea la hora de volver a casa.

2 Comments »

  1. Bosse-de-Nage 05/09/2009 at 21:06 -

    Te faltó un prolegómeno acerca del fenómeno consistente en que gran parte de las putas paradas no tienen un puto cartel que indica que ahi está la puta parada y entonces uno no sabe a donde mierda tiene que esperar al puto colectivo para que el puto chofer se digne a parar.

  2. Alejo Nabucodonosor Decimoprimero 16/09/2009 at 01:13 -

    Gran artículo! Siempre pensé que alguien debería plasmar en papel (“papel”) la gran cantidad de rutinas, cabalas y artilugios que involucran viajar en bondi.
    Ahora, nunca sé bien como es el tema de las prioridades en la cola para subir. Yo suelo dejar pasar a las minas (quedas bien y trae un extra :P ) y a los viejos/viejas/gente de movilidad reducida. Y con los flacos se respeta el orden de llegada (son códigos) ¿¿¿ Pero que cuernos se debe hacer cuando se intercala viejo / flaco / minitash / flaco / vieja ???

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