
Uno de los problemas que se plantea en Casi Famosos (el gran fetiche de esta redacción periodística) es la toma de distancia que tiene que realizar un fan cuando se encuentra en el lugar de crítico. Esa toma de distancia no es una garantía de objetividad (a mi criterio, la objetividad es un mito, pero eso podemos debatirlo en otro momento) pero sí, por lo menos, es una forma de no caer en lo arbitrario.
Hoy me toca ponerme en lugar de periodista para contarles mi experiencia en la quinta fecha del Pepsi Music, y podría hacerlo según el manual salvo por un importante detalle: el recital de Gogol Bordello. Ahí me es imposible tomar distancia porque, como los que vienen siguiendo la página lo sabrán, considero que Bordello es la mejor banda de la actualidad, así de simple. Y no puedo (ni deseo) ponerme en el lugar del periodista crítico y “objetivo” para narrar esa experiencia. Por lo tanto decidí escribirlo en forma separada para no sesgar con mi fanatismo este artículo. Si desean directamente pasar a mi experiencia en ese show partícular, procedan a ESTE link. Si prefieren saber que opinión me mereció el Pepsí del Domingo 8, continúen leyendo. Si, ya se que suena medio “elige tu propia aventura” (nota mental: no es una mala idea para otro artículo)

Debido a que el presupuesto para invertir en entradas de recitales que tenemos en la redacción es bastante limitado, y también a que los del Pepsi se pusieron la gorra y no nos quisieron acreditar, debí elegir un solo día para visitar el festival. Por razones que ya se imaginarán, me decidí por la quinta fecha, el día en que estaban anunciados entre otros Catupecu Machu, Calle 13, los Decadentes y, oh casualidad, Gogol Bordello.
En las últimas semanas estuvo muy de moda bardear al Pepsi Music por su sucesivas desprolijidades (cambios de precios en las entradas, fechas medianamente mal organizadas, problemas de sonido, etc.) problemas hubo miles y la verdad que es muy tentador empezar a describirlos detalladamente, pero no planeo hacerlo. No me puedo poner en ese lugar porque desde el vamos, no existe otro evento en el año donde la relación precio, cantidad y calidad de artistas sea tan buena. Yo pagué $80 (después aumentaron 10 mangos) para estar todo el día viendo montón de shows locales e internacionales, y debo decir que aunque muchas bandas no me gustaron, no me aburrí ni un segundo.
Si no te gusta una banda que está en alguno de los escenarios principales te podés ir al escenario “isla” a ver algo más independiente, si no te gusta el que está ahí tampoco, te podés dar una vuelta por los stands de Roxy o de Blackfin donde tocan bandas aún más independientes. Si tampoco te cierra eso, te podés dar una vuelta por las diferentes actividades que hay instaladas en los demás stands como el Tok Tock Machine (una suerte de orquesta de percusión preinstalada, donde te podés meter a tocar) o el colchón inflable de Philip Morris. Es muy difícil no encontrar algo para hacer.
El sábado hubo todo un quilombo por lo bajo que estaba el volumen pero el domingo pareció estar todo arreglado. Las bandas sonaron perfecto, los escenarios estaban bien balanceados y no se superponían, y pese a que cerca de las ocho saltó un rumor que decía que había que bajar el nivel, no pasó nada, o por lo menos no se percibió (o por lo menos no lo percibí, leí en la web de Rolling Stone que Bordello se escuchó bajo, si alguno estuvo ubicado atrás y lo notó, que nos avise please). El tema de la puntualidad (que fue una de las pocas cosas que todo el mundo tuvo que elogiar) vino bien hasta caída la tarde, cuando los shows se empezaron a desfasar un poco y algunos ya empezaron con 40 minutos de demora.
Los precios adentro del predio son caros, obvio, pero son igual de caros que en cualquier otro recital, y acá por lo menos la podés pilotear un poco con la ilimitada bebida energizante de naranja que te daban gratis cerca de la entrada. Me tomé como tres latas en la tarde y pese a lo que venía imaginando, no terminé con diarrea, y eso definitivamente es algo bueno.
Otro punto interesante: la entrada “platinum fan”. Como comenté en un artículo anterior, cometí la terrible careteada de pagar $50 pesos extra (aunque después la rebajaron a $30, putos) para tener acceso a una suerte de sector VIP que se extendía sobre medio escenario. Cuando vos en la entrada presentabas tu entrada FAN te encajaban una pulserita amarilla o roja (dependiendo si podías ir al sector FAN del escenario Pepsi o del escenario Claro) junto a medio (si, medio) vaso de gaseosa y un colgante tipo “acreditación” que tenía pegado del lado de atrás una calcomanía blanca y negra con el logo de la banda para la que vos sacaste esa entrada. Debo decir que hasta el momento no entiendo bien para qué te daban esa acreditación, si lo único que vos tenías que mostrar para entrar al espacio era la pulserita. Recién ahora estoy sospechando que esa tarjeta pedorra puede ser el “regalo sorpresa” que prometían hace unas semanas, pero voy a tener que confirmarlo mañana con El Pedro.

Yo no suelo ser un defensor de los espacios VIP en los recitales (tengo como testigo a un pedazo de silla que rescaté de una fogata que hicimos en el campo VIP de los Doors hace un par de años) pero no puedo negar que esta modalidad no es todo lo asquerosa que podía ser. Lo más importante es que el sector FAN solo ocupaba el 50% del frente del escenario, o sea que si vos no lo querías pagar, podías estar adelante igual. Otra cosa interesante, de la cuál yo no estaba enterado cuando la adquirí, es que la pulserita te servía para ver de cerca de todas las bandas que tocaban en el escenario donde tocaba la banda que vos querías ver (yo saqué el Platinum Fan de Bordello y podría haber entrado en el espacio para ver a Zoe, Máximo Park, The Ting Things, los Tipitos y Calle 13). Encima de todo el precio era relativamente accesible, lo que implica que es una forma barata de no tener que estar acampando (y perdiéndote lo que pasa en otros escenarios) para ver a la banda que quieras)
Con respecto a los tiempos que se le asignaron a los artistas, que creo que fue el debate más caldeado de la previa: acepto que me molestó mucho que el paso de Bordello por nuestro país estuviera acotado a 45 minutos, sobre todo cuando Catupecu Machu (una banda a la que podés ver mínimo unas 10 veces por año) cerraba el festival y tenía una hora y media para tocar. Pero no se puede negar que Catupecu convoca más gente, y lo mismo hacen los Decadentes y los Cadillacs, da bronca pero es así. Quizás si no se pone en el lugar principal a una banda nacional en una fecha que trae muchos artistas internacionales pero de mediana convocatoria, esa fecha no se podría realizar porque no cerrarían los números. Con respecto al tiempo, el promedio de artistas tocó 40 minutos, si hubieran tocado el doble, tendrían que haber puesto a la mitad de artistas. Podrían haber ubicado los escenarios principales más separados y así superponer los sets, pero ahí nos hubiéramos visto obligados a tener que decidir cuál banda nos teníamos que perder (sobre todo si tocaban en paralelo dos bandas que nos gusten mucho). Es fácil protestar, pero viéndolo así me animaría a decir que es la decisión más democrática, por más que nos duela.
Hablemos un poco de música y dejémonos de joder. Admito que llegué al festival sin conocer al 90% de las bandas que tocaban y eso siempre me resulta atractivo. Pese a que prefiero conocer a un grupo de música en la privacidad de mi casa y con el tiempo necesario como para prestarle atención, generalmente voy a los recitales como un poco más liberado de prejuicios. Aparte, aún sabiendo que la mayoría de cosas que escuche no me van a gustar, me encanta tener la ilusión de encontrar alguna banda Indie grosa, medio desconocida pero medio de culto (obviamente, para después sentirme importante al difundirla).
No me encontré con nada que me haya volado la cabeza, pero hubo algunas sorpresas interesantes. Había escuchado buenos comentarios de Zoe, la banda de rock mejicana que tocó a las 14:40hs., pero la encontré demasiado lavada para mi gusto. Igual acepto que sí se tuvieron que chocar contra un prejuicio del que me cuesta desembarazarme, aquel que dice que toda banda donde el cantante tenga un pañuelo en el cuello es para giles. Pasé por alto a Cultura Profética y a Karamelo Santo para aprovechar el tiempo en el escenario Isla: ahí me encontré con Los Turbina, un grupo que se dedica a hacer versiones punk de temas como “Saca la Mano Antonio”, “Tractor Amarillo” o “Cachete con Cachete”. Los flacos hacen una mezcla de Ataque 77 con Los Sultanes, que no merece ser tomada en serio (aunque el no tomarla en serio te permite disfrutarla, en cierto sentido) y pese a que fueron de los que tocaron más temprano, fue uno de los grupos que más gente convocó en ese sector del festival.
Los Turbina
En la Isla también me encontré con Las Trampas de Lily, una banda que en un principio me atrajo debido a que proyectaron una enorme foto de Neil Young en el videowall del fondo. Después de Neil Young apareció Creedence, y después los Stones, y Dylan, y Lou Reed, y pese a que la banda tenía un sonido propio que no encajaba el todo con cualquiera de ellos, esa estrategia de marketing me atrapó, y la celebro por ello. La banda toco un par de temas tranqui y subió un poco el ritmo recién al final, cuando invitaron al hijo del cantante/guitarrista a tocar una Les Paul, y la cosa se puso más rockanrollera. El cierre del set fue con Summertime Blues, tema que nunca imaginé escuchar con Calle 13 en el contexto (y sin desmerecer a Calle 13 lo digo) y que llegó a ser una de mis perlitas del día.
Las Trampas de Lily
La otra fue en el escenario del Roxy, a donde me acerqué escuchando un riff de hard rock bastante zarpado y me encontré con los Mini Cooper, que no solo dieron un set zarpadísimo sino que terminaron con Inmigrant Song (tema al cual puedo aplicar el mismo razonamiento que al de Eddie Cochran). Los pibes se pasaron y planeo dedicarles un merecido espacio en algún artículo futuro.
Por los escenarios principales ya habían pasado Máximo Park, una banda inglesa de rock con dejos de new wave que dieron un concierto prolijo pero que no me llamo mucho la atención, y The Ting Things, una suerte de dúo a lo White Strpes pero invertido (él en batería, ella en guitarra) pero más electrónico y muy Blogger. Aguanté dos temas y seguí dando vueltas.
Maximo Park
Vi partes de Kapanga y a los Tipitos, y pese a que ninguno de los dos me atrae mucho, los shows estuvieron bien, y supongo que sus seguidores la deben haber pasado bastante bien. Empezó a tocar a las 20hs (ya con bastante retraso) Mama Pulpa, que funcionó como soporte de los Auténticos Decadentes, banda que me arrastró prácticamente al colapso nervioso. Acepto que mi opinión está condicionada debido a que yo ya estaba instalado esperando a Gogol Bordello, pero aún así no dejo de plantearme cuántas veces una persona puede escuchar “vení Raquel, vení con los muchachos” y no sentirse miserable. El show de los Decadentes fue hitero, repetitivo y monótono, y me pareció interminable. Por suerte, pasadas las 21 empezaron a sonar los primeros acordes de punk gitano. Pero eso, como lo prometí, será contado en otro lado.
Eran casi las 22 cuando apareció Flavio tocando con Misterio. Yo ya no tenía ni fuerza ni espíritu como para quedarme, había dejado todo en el show de Bordello y el final de mi noche ya estaba anunciado. Siento haberme perdido a Calle 13 porque lo banco a Residente, no lamento haber dejado de ver a ni a los Cadillacs ni a Catupecu. De todas formas, esas son bandas de las hablarán los sitios de rock más importantes.














Es verdad que prometieron un souvenir exclusivo. Esa tarjeta pedorra que mencionas es el símbolo de que no todo lo exclusivo es glamouroso!.
PD: si te enterás que dia sortean los “meet and greet” prometidos, avisá.
Que te parecieron los Mama Pulpa? Me gustaron, tenian actitud y para ser nuevos se veian muy bien parados en el escenario
Me pasó lo mismo con las Trampas de lily.
Me estaba yendo y al ver las fotos en la pantalla decidí ver que onda y la verdad fué lo mejor que ví ese día fuera de catupecu.