
Gracias a la gente de Expotoons pudimos estar presentes en una avant premier de The Muppets, la nueva película de los muñecos de Jim Henson, que ahora son parte del catálogo de los estudios Disney.
Déjenme decirle amigos que el film (injustamente programado para estrenarse recién el 12 de enero aquí en el país) no tiene desperdicio: es una pieza sumamente divertida que no da respiro a almas ingenuas, que se empiezan a matar de risa con solamente ver un oso de peluche enorme vestido de traje, como la mía.
Todo lo que se hizo para Los Muppets está bien hecho: la trama puede ser cliché, pero se sabe específicamente como tal, y lo demuestra jugando con idas y vueltas de chistes que abren un juego metadiscursivo sobre la misma. Así se habilita una doble lectura que es la clave de su éxito: los chicos disfrutan una historia simple y divertida, los grandes disfrutan una lectura cínica sobre esa historia, sabiendo que ahí atrás hubo mucha gente que se cagó de risa haciéndola.

Ya sé que se la mano de Pixar y estudios similares, el target “kidult” no es ninguna novedad en el mercado, pero Los Muppets va más allá de hacer algunos chistes que los chicos no entiendan y jugar con referencias a la cultura pop de años que ellos no conocieron. Los Muppets, desde el vamos, son unas de esas referencias y me atrevería a decir que el film apunta más a aquellos que la toman como tal, que a aquellos que son ajenos a su universo y necesitan ser introducidos en él. Viniendo de Disney, no podemos negar que es una jugada bastante madura.
The “Kermit” debate
El rebranding que hizo Disney de la franquicia tuvo una consecuencia que ha generado bastante debate los últimos días. Oficialmente, para todo el público hispanoparlante, la Rana René va a dejar de llamrse así para pasar a tener su nombre original: Kermit.
Yo sé que a mucha gente esto le molestó y le molestará. Infinidad de bloggers latinos ya pusieron el grito en el aire, en tanto creen que es una falta de respeto el hecho de que se esté renombrando un ícono de la infancia de varias generaciones. Al mismo tiempo se da el debate de la conservación del lenguaje: el caso de la Rana René no es el único, también se escuchará en los doblajes del film llamen a la Señorita Piggy como Miss Piggy, y al Oso Figaredo como Fozzie.
A mi criterio personal creo que, estratégicamente hablando, la movida quizás no es la más adecuada. Retomando lo que se plantea en el artículo principal, si la película está apelando tanto a la nostalgia de los jóvenes y adultos, el hecho de cambiar los nombres con los que conocimos en nuestra infancia a estos personajes no está del todo bien pensado. Pero por otro lado, y sabiendo que quizás no fue el germen de esta estrategia, me parece que hay una cuestión que trasciende tanto la apelación a la nostalgia como el proteccionismo del lenguaje, y es el respeto por la obra original y su autor. Si Jim Henson creó un personaje, le puso una personalidad, una apariencia y el nombre Kermit, no dudo en que mundialmente debería ser conocido como tal. Volviendo a nombrar así al personaje se está salvando un error causado por políticas de traducción obsoletas. No creo estar demasiado equivocado en pensar que todos aquellos que hoy están protestando porque la rana se llama Kermit, protestarían igual si Buscando a Nemo acá se hubiera estrenado como Buscando al Pez Pedro, y protestarían aún más si editaran Mafalda en E.E.U.U. con algún nombre en inglés.
Hay cosas que de la película que me llevan a pensar en El Viaje de Chihiro o Alicia en el País de las Maravillas, en tanto que, salvando tooooodas las distancias, el guión viene con un nivel tan alto de limadura que abre una lectura solamente disfrutable por aquellos entrados en años. Me da la impresión de que el nene que ve hoy los Muppets y la vuelve a ver en 15 años, va a sentir lo mismo que cuando nosotros volvimos a ver Laberinto, y me atrevería a decir que justo ahí, más que en trabajo con las marionetas, está el legado del magnánimo Jim Henson.

Parte de la responsabilidad de todo esto se la lleva Jason Segel escritor (junto a Nicholas Stoller, que dirigió a Segel en la genial Forgetting Sarah Marshall y escribió también Get Him To The Greek, Fun With Dick And Jane y varios capítulos de Undeclared) y protagonista del film, quien supo armar una película relegando inteligentísimamente su papel y el de Amy Adams (que hace de su novia) a un segundo plano. El hecho que dos grandes representantes de la factoría Apatow hayan llegado a colaborar con Disney vuelve a dar cuenta que el estudio parecía tener bien claro a quién iba a estar dirigido el relanzamiento de la franquicia. Si sumamos el dato que la película fue dirigida por James Bobin, co-creador de Flight Of The Conchords y de varios de los personajes de Sacha Baron Cohen (Borat, Ali G, Bruno, etc.) ya no hay muchas dudas al respecto
Como decía, acá tanto Segel como Adams parecen entender que acá no tienen demasiado que hacer, y por suerte esa idea no parece incomodarlos. Sí tienen sus momentos en algunos números musicales (que a mi criterio fueron lo más flojo de la peli, pero el hecho de que la haya tenido que ver en castellano no colaboró demasiado) y un arco argumental que los involucra a ellos solos, pero sin duda queda bien en claro que el film le pertenece a la Rana René (por cuestiones de nomenclatura ver la columna que acompaña a este artículo) y a todos sus colaboradores. Y no solo les pertenece de forma más que justa, sino que al mismo los homenajea emotiva e inteligentemente. Quizás, considerando estos tiempos difíciles para productos de nuestra infancia como Alvin o los Pitufos, el mayor mérito de The Muppets es no tratar de reinventar, rebootear o renderizar a sus protagonistas: la película es un rescate y un llamado de atención sobre todo lo increíbles que son los muñecos creados por Henson.

Hace unos meses el legendario Frank Oz, creador, titiritero y voz original de Miss Piggy y muchos otros muppets (y del Maestro Yoda también) declaraba que fue invitado a participar en la película, junto a varios otros miembros originales de la troupe de Henson y que rechazó la oferta porque consideró que el guión no respetaba la esencia de los personajes. La cuestión es que la película comienza con el grupo separado y distanciado, con cada integrante tratando de ganarse la vida de una forma diferente, y puede ser que ese detonador le quite un poco de su ingenuidad característica a la franquicia. Pero de todas formas, es una libertad mínima que se toma Disney en el relanzamiento de los Muppets, y sirve para detonar una trama actualizada sin destruir en el intento al conjunto de títeres, cosa que repito, es bastante meritoria de por sí.
En resumen. Tras un año de expectativas muy grandes, producto de una campaña de marketing excelente debo decir, la nueva película de los Muppets es una hora y media de risas que no dan descanso, a lo que se le suma el gratificante optimismo de ver que por una vez, el presente le hace mucha justicia a la nostalgia del pasado. Recomiendo no perdérsela.
















